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Échale la culpa a El Niño

 

Seguimos para bingo. Para el año más caluroso de la histeria historia con datos registrados. Y tenemos un nuevo sospechoso al que echar las culpas…

Entre otras razones, además del bloqueo omega y de otras consideraciones sobre el cambio climático, tenemos que hablar de El Niño. Sí, ese fenómeno con nombre castellano pero que ocurre al otro lado del planeta.

¿Qué es El Niño?

Venga, respuesta para los impacientes: se trata de una intensificación, tanto en extensión como en profundidad, de las aguas cálidas del Océano Pacífico tropical. Esa parte del océano gana temperatura, se calienta por encima de lo normal, y provoca cosas… (después veremos qué cosas)

El Niño es un fenómeno a escala oceánica, planetaria. No es ni una tormenta, ni una borrasca, ni fuertes vientos. No es ni un tornado ni un huracán, y no se produce directamente en la atmósfera, aunque interacciona de una forma muy directa con ella. Afecta a algo más profundo y con más implicaciones. Al océano, a los mares, los verdaderos reguladores climáticos -además de El Sol- de nuestro planeta. Se trata pues de un calentamiento anómalo de una zona oceánica específica debido a un desequilibrio en las corrientes marinas (aguas cálidas en vez de aguas frías) en la corriente de Humboldt  y, en consecuencia, una provisión elevada y anómala de humedad. Esto da lugar a diferentes efectos a escala planetaria.

Anomalías cálidas actuales en el Pacífico tropical. El Niño se potencia. Fuente earth.nullscholl.net

Anomalías cálidas actuales en el Pacífico tropical. El Niño se potencia. Fuente earth.nullscholl.net

El fenómeno fue nombrado por los pescadores peruanos, que notaban un aumento de la temperatura del agua del mar en fechas próximas a Navidad, con la venida del Niño Jesús. Y así llamaron a este hecho: El Niño. Cuando se producen condiciones opuestas, es decir, un enfriamiento de esa zona del Pacífico tropical, estamos en presencia de La Niña. Digamos que se producen oscilaciones térmicas cada cierto número de años (entre tres y siete años, parece ser). Océano más cálido, fase cálida de esa oscilación, El Niño. Océano más frío, fase fría, La Niña. Si se produce uno, el otro no existe. A esa oscilación se le llama ENSO, El Niño Southern Oscillation u Oscilación Sur)

Indice de variación de la ENSO desde 1950. En rojo Niños, en azul Niñas. Fuente NOAA/CIRES

Indice de variación de la ENSO desde 1950. En rojo Niños, en azul Niñas. Fuente NOAA/CIRES

Desde hace meses El Niño está ganando en intensidad. Ha pasado de ser moderado a ser fuerte, incluso algunos modelos pronostican un El Niño de récord, superior incluso al mítico de 1997. Las anomalías positivas de temperatura pueden llegar casi hasta los 3ºC, según algunos de esos modelos, cuando en 1997 llegaron a 2.3ºC

¿Y qué supone un evento de El Niño fuerte?

Pues en primer lugar mediatiza enormemente el régimen de precipitaciones, haciendo que este otoño quizá aparezcan las lluvias, por fin, en la costa oeste de EEUU, y ayude a que la sequía no siga adelante en California. Se reducirán las precipitaciones en la coste oeste africana y en la zona boscosa de Indonesia. También seguramente sea el causante de una temporada más débil de huracanes en el Atlántico, mientras que en el Pacífico sea más activa. En cuanto a temperaturas, probablemente sea el causante de que 2015 sea el año más caluroso de la historia, desde que se tienen registros, pues incidirá en la circulación atmosférica y el jet stream de forma decisiva. Desde luego provocará un invierno más suave en EEUU y en algunas zonas del hemisferio norte. Todo esto, claro está, si se cumplen las previsiones. 

Estaremos muy pendientes a este fenómeno, por ahora, si este post ha servido para que se entienda mejor, misión cumplida.

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Protector de Casa Tierra

Los que me conocéis sabéis que no soy muy calentólogo… Con ello quiero decir que, aún asumiendo un aumento de las temperaturas en las últimas décadas -que no en los últimos 15 años- no comparto todas esas teorías catastrofistas que muchos defienden, según las cuales estamos ante un escenario de ciudades anegadas, panoramas desérticos generales y asesino en forma de CO².

Tampoco negacionista, bien es cierto. De nada sirve dar la espalda a los hechos, y hay motivos para estar preocupados. Hay indicios de que nuestro planeta se queja, comienza a tener pérdidas de hielo importantes y se hace necesaria una revisión general. Una ITV planetaria seria, sin excesos de alarma que consigan el efecto contrario al deseado. Con divulgación, con información contrastada y clara.

Protector. Así me gusta definirme, recuperando el concepto que Larry Niven introduce en su novela homónima, escrita en 1973, y que es precuela de la maravillosa historia de ciencia ficción que antes desarrollara en Mundo Anillo, (1970), de las pocas novelas que han logrado los premios Hugo, Nébula y Locus, en el año 1971. Sirva el título de este post como homenaje a este gran escritor.

Protector, sí. Intentando conocer qué nos pasa para así salvar nuestra casa. Aprender antes para enseñar más tarde cómo hacerlo. Dejando atrás los extremismos, que poco aportan. Con mente abierta, con espíritu científico.

Hoy os traigo dos ejemplos de cosas que están pasando en nuestra Casa Tierra. Dos informes que me preocupan, y que por muy poco calentólogo que sea, no puedo dejar de pasar por alto.

Uno hace referencia al incremento en la severidad de las sequías que se prevén en el suroeste de Estados Unidos y en las Llanuras Centrales. Según este estudio, publicado en Science Advances, las próximas décadas verán cómo estas zonas -California, Nevada, Arizona, etc.- sufrirán sequías más severas que nunca en la historia reciente. Ni las sufridas en la época medieval, entre 1.100 y 1.300, serán tan fuertes. El estudio es serio, y desde luego, da mucho que pensar. Y ojo, porque a esto se le puede unir un El Niño que se prevé afecte a la zona en la segunda parte de este 2015.

El Lago Powell, en Arizona, al 45% de su capacidad. Foto Justin Sullivan/Getty Images.

El Lago Powell, en Arizona, al 45% de su capacidad. Foto Justin Sullivan/Getty Images.

Y precisamente desde California, desde las instalaciones del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, en Pasadena, nos llega otro informe preocupante. La famosa plataforma de hielo antártico Larsen B, que ya en 2002 comenzó a resquebrajarse, tiene los años contados, y parece ser que dejará de existir para ser engullida entre otros glaciares antes de que acabe esta década… Esta plataforma lleva existiendo desde hace más de 10.000 años. Y, según este estudio, seremos testigos de su desaparición.

La plataforma Larsen B. Parece que no sobrevivirá mucho tiempo. Crédito: NSIDC/Ted Scambos.

La plataforma Larsen B. Parece que no sobrevivirá mucho tiempo. Crédito: NSIDC/Ted Scambos.

A mí, desde luego, me parece que algo tenemos que hacer. Aunque por ahora sea sólo contarlo y que cuanta más gente lo sepa.

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