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Las corrientes de resaca

Hoy os hablo de un fenómeno marítimo llamado corrientes de resaca o de retorno. Seguro que habéis oído en muchas ocasiones la palabra resaca, pero asociada a otras cosas… No, esta vez se trata de algo más peligroso aún. Parece que este año está siendo especialmente fatal en muchas de nuestras playas. Las corrientes de resaca son una de las causas que provocan más ahogamientos entre los bañistas.

Se trata de un peligroso efecto por lo apenas invisible del mismo. De hecho, los pocos indicios que dan las resacas -éstas, no las otras…- moverían a pensar que donde se producen precisamente es una zona segura.

El mar, los océanos, en su constante contacto con las costas, envían oleaje. Más fuerte o más débil, el rozamiento con la tierra produce estas ondas que chocan con nuestros acantilados y playas. Las olas. Es un aporte de masas de agua muy importante que, una vez llegado a la tierra, debe regresar.

Estructura de una corriente de resaca o de retorno y posibles escapatorias.

Estructura de una corriente de resaca o de retorno y posibles escapatorias.

Todas esas masas se reorganizan en función de los fondos, la orografía, los vientos y la fuerza del oleaje para retornar al mar por unos caminos determinados. Justo por donde las olas no son tan grandes. Son como sumideros de retorno al mar, y es allí donde se establecen esas corrientes superficiales que empujan todo hacia dentro, incluidos nosotros, si somos atrapados.

¿Cómo detectar una corriente de resaca?

Las corrientes de resaca inhiben el oleaje. La fuerza de empuje hacia dentro hace que las olas en esa zona no rompan de igual forma, sean prácticamente inexistentes. Es decir, si en una playa vemos zonas de rompiente intercaladas con otras zonas en donde no hay olas, posiblemente estemos ante una corriente de retorno, una corriente de resaca. Aparentemente será una zona tranquila, pues no hay olas, y podría ser elegida para tomar ese baño refrescante. Error. Seguramente en cuanto dejemos de hacer pié en el fondo no podremos controlar nuestra vuelta a la arena y seremos arrastrados hacia dentro. Y tenemos un problema.

Un claro ejemplo de oleaje inhibido por una corriente de resaca. Peligro.

Un claro ejemplo de oleaje inhibido por una corriente de resaca. Peligro.

¿Cómo salir de la corriente de resaca?

Nuestro instinto nos hará nadar hacia la orilla. MeeecError. La corriente podría ser demasiado fuerte y nuestras fueras limitadas. Luchará con una fuerza mayor y más duradera que la nuestra, y eso no nos interesa. Por mucho que braceemos hacia tierra, si estamos inmersos en una corriente de resaca, no alcanzaremos la playa. Piensa que la resaca te aleja de la playa, cierto, pero no te sumerge… Así pues, calma. La salida de esta situación es dejarse llevar, no luchar e ir buscando una salida paralela. Si vemos olas romper, ir hacia ellas. Nadar paralelo a la costa en la dirección en donde las olas estén más cercanas. No luchar contra la corriente. Be water, my friend, nunca mejor dicho, y aprovechar esa fuerza para salir por la parte trasera de la corriente, intentando, eso sí, en la medida de lo posible, no alejarse mucho de la playa. Desde luego, si hay alguien cercano, pedir ayuda levantando el brazo siempre está bien, pero si está demasiado cerca seguramente esa persona también está en problemas…

Ale, ¡al agua!

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Mar, viento, sol… ¿amigos o enemigos?

Ya estamos a mediados de Julio, uno de los dos meses de vacaciones por excelencia en nuestro país. Quien más o quien menos ha soñado todo el año con ese momento de llegar cerca del mar, plantar la sombrilla, extender la toalla en la arena y tumbarse al sol entre baño y baño. Y más con estos calores que venimos sufriendo desde hace semanas. Además, por oferta no será, pues nuestro país tiene casi 8.000 kilómetros de costa, muy variada en cuanto a su orografía y morfología, bañadas por dos mares (Mediterráneo y Cantábrico) y un océano (Atlántico).

Muchos actores que el resto del año no son tan protagonistas, adquieren importancia cuando dejamos la zona de confort de nuestros domicilios de interior. Vamos a repasar los riesgos que corremos si no los tenemos en cuenta.

El sol. El gran protagonista. El que regula todo el sistema climático de nuestro planeta. Y el que puede dejarnos varios días aparcados en casa por una buena quemadura o, peor, por una insolación o un golpe de calor. El sol y el calor son los responsables de muchos problemas cada año en nuestro país. Ojo por tanto. Usar cremas protectoras y evitar las exposiciones largas son acciones imprescindibles.

El mar. El gran anhelo de casi todos. La playa, la arena, las olas. Pero ojo, es un medio extraño para la mayoría de nosotros, y las precauciones deben ser extremas. Las banderas de los puestos de socorro están para algo, hay que hacerles caso. Sobre todo las mareas, la resaca. No es nada agradable ver la playa a escasos metros pero ser arrastrado mar adentro.

El viento. En zonas costeras puede hacer que te quedes sin día de playa, a pesar de tener los dos anteriores ingredientes presentes. El viento de levante, por ejemplo, en la zona del estrecho puede arruinar una semana entera de playa, pues levanta la arena y hace que poner la toalla sea literalmente imposible.

La alimentación. Las intoxicaciones alimenticias son propias de esta estación. No suelen ser graves en la mayor parte de las ocasiones, pero sí que pueden fastidiarnos unos cuantos días de nuestras vacaciones.  Mucha precaución y ante la duda sobre si un alimento está bien o mal, a la basura.

Dicho esto, os dejo con algunas de las fotos que he podido hacer estos días pasados en la zona más oriental del Algarve, en la costa sur de nuestro vecino país. Una verdadera maravilla de playas vírgenes y donde aún la fiebre especulativa no ha llegado a hacer mella. Que sea por muchos años.

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¿A que huelen… las olas?

Hasta ahora nos habíamos preguntado a qué huelen las nubes… con respuestas más o menos curiosas. Bueno, pues hoy nos vamos a preguntarnos… ¿a qué huelen las olas del mar?

Quien más o quien menos ya está pensando en las vacaciones y, cómo no, en la playa. Esa sensación de pisar la arena, de mirar al horizonte y respirar… Y al hacerlo, ese olor a mar inconfundible. Pero no nos paramos a pensar exactamente de qué está compuesto y sus implicaciones, quizá porque mucho antes de hacerlo ya estamos buscando un chiringuito para tomar algo

No hace falta un mar tan bravío para que los aerosoles inunden la atmósfera...

No hace falta un mar tan bravío para que los aerosoles inunden la atmósfera…

Pues bien, un grupo de científicos han preferido investigar de qué está hecho ese aroma que dejan las olas al romper antes de ir a por su cervecita. Y lo que han encontrado tiene su importancia.

No sólo es sal.-

Desde luego, al llegar a la playa y respirar hondo, no solamente estamos respirando burbujitas de humedad que contienen sal, sino que hay mezcladas muchas más cosas. El spray marino es un complejo químico muy variado. Es un verdadero cóctel -podría decir de mariscos, pero no lo haré- que contiene todo tipo de vida marina, desde fitoplancton a bacterias, pasando por virus y otras lindezas. Sí amigos, al respirar cerca del mar estamos introduciendo en nuestros pulmones una verdadera legión de vida marina, convenientemente salada y humedecida. Y esos son los aromas que percibimos.

Pero esto no es todo, resulta que el spray del mar, al ser liberado a la atmósfera en forma de aerosol, es uno de los componentes principales que producen las nubes, son la semilla de las mismas, por decirlo de alguna manera, y por lo tanto es un factor determinante en el clima. Los científicos están investigando la verdadera importancia que tienen los aerosoles en el sistema climático, pero desde luego, los estudios son cada vez más concluyentes. Dependiendo de la composición química de los mismos, las nubes pueden desarrollarse más o ser inhibidas completamente. Si estás interesado puedes leer este artículo, y profundizar en este tema…

Por ahora que sepas que este verano, cuando cierres los ojos y aspires profundamente, millones de pequeños microorganismos pasaran a ser parte de ti. Por suerte algo infinitamente más sano que lo que respiramos habitualmente en nuestras ciudades… Pero ese es otro tema.

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