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De solsticios y afelios

Que nadie se asuste que no voy a hablar de sexo…

Resulta que ayer, justo a las 18:38 de la tarde en la península, una hora antes en Canarias, entró el verano de 2015 y, como es tradicional, es noticia y hay que explicar porqué a esa hora y no a otra

Pues bien, habéis de saber que las estaciones comienzan por razones astronómicas. Es decir, es La Tierra, nuestro planeta, y determinadas posiciones con respecto al Sol, la que hace que empiece o acabe el verano… y el resto de estaciones claro.

La distancia y posición de la Tierra con respecto al Sol decide cosas...

La distancia y posición de la Tierra con respecto al Sol decide el comienzo de las estaciones.

En particular el solsticio de verano se produce cuando la inclinación del eje de la Tierra (que no es vertical) es máxima con respecto al Sol. Es decir, sus rayos dan más “de lleno” en nuestro planeta. Esta inclinación varía durante el año y en nuestro hemisferio, el norte, ayer a las 18:38 horas peninsulares, fue máxima (23º 27′). Esto supone que el Sol está mucho más tiempo y mucho más arriba en el cielo que en cualquier otro momento del año, y por eso le llama solsticio (sol-quieto). Estamos en los días más largos del año, y por lo tanto, las noches más cortas.

Vale… ¿y lo del afelio?

Pues es muy curioso, porque la lógica podría llevarnos a pensar que el Sol en verano está más cerca y por eso hace más calor… Pues no. Es justo al revés. El día de afelio es el día en el cuál la Tierra y el Sol están más alejados. Nuestra estrella vecina se encuentra estos días en la posición más lejana del año. ¿Curioso no?

De aqui ya podéis sacar la conclusión de que el hecho de que en nuestras latitudes haga más calor en verano, no tiene que ver con la distancia al Sol, sino con la inclinación que tiene nuestro planeta con respecto a él, y el tiempo que el astro solar permanece en el cielo…

En todo caso, damos la bienvenida al verano… y esperaremos a que termine para saber cómo será, que ya os veo con ganas de preguntar.

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El Sáhara fertiliza el Amazonas

 

Nuestro planeta es realmente sorprendente. Sabemos mucho de él, aunque personalmente creo que lo que nos falta por conocer es siempre lo más importante y, quizá, decisivo. De vez en cuando aparecen estudios científicos que sacan a la luz aspectos curiosos y verdaderamente impactantes, como el que os traigo hoy.

Todos sabemos las diferencias tan grandes que hay entre dos ecosistemas que conocemos muy bien, o al menos, nos suenan de toda la vida. El desierto del Sáhara y el bosque del Amazonas. Dos lugares de este planeta totalmente antagónicos. El primero seco y árido. Extremadamente caluroso por el día y frío por la noche, y con una ausencia absoluta de agua. El segundo, por el contrario, verde y exuberante, con abundante agua y humedad, millones de plantas y temperaturas muy constantes.

Según el estudio ambos mundos están, de alguna manera, conectados. Desde el Sáhara se levantan inmensas cantidades de polvo desértico que, tras atravesar el Océano Atlántico, se depositan en las grandes extensiones boscosas del noreste de América del Sur. Estas gigantes masas de polvo -unas 22.000 toneladas al año, según algunas estimaciones- contienen fertilizantes que abonan en buena medida el Amazonas, aportando prácticamente la misma cantidad que se pierde en la selva por escorrentías, es decir por arrastre de las aguas.

El desierto sahariano, de alguna manera, fertiliza el bosque amazónico.

Imagen conceptual de la NASA/Goddard Space Flight Center

Imagen conceptual de la NASA/Goddard Space Flight Center

La clave, según el estudio de Hongbin Yu, del Centro Interdisciplinar de Ciencia del Sistema Terrestre, está en el fósforo y algunos otros fertilizantes que se recogen en ciertas zonas africanas, como en la depresión de Bodele, en el Chad. Allí, en el antiguo lecho de un lago, hay enormes depósitos de microorganismos muertos que contienen mucho fósforo. El mismo que necesita el suelo amazónico, limpiado frecuentemente por las intensas y persistentes lluvias de la zona.

Esta carambola planetaria está siendo descubierta gracias, cómo no, a un satélite, en este caso el satélite Calipso de la NASA, que estuvo recopilando datos entre 2007 y 2013. Una vez más, la tecnología más puntera nos ayuda a conocer los secretos de nuestro planeta.

De aquellos polvos, estos bosques, podríamos decir. No se puede negar que el sistema de reposición planetario es realmente fascinante.

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