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Anatomía de un huracán

El día 1 de junio comenzó oficialmente la temporada de huracanes en el Océano Atlántico. Durante los próximos meses, hasta el mes de noviembre, iremos teniendo noticias, más o menos impactantes, sobre el desarrollo de estas impresionantes perturbaciones, la madre de todas las tormentas. Serán portada de las noticias y veremos multitud de fotografías y vídeos, desgraciadamente muchos de ellos mostrando la destrucción que suelen dejar a su paso.

Tifón Hayyan

El Tifón Haiyan afectó el sudeste asiático en Noviembre de 2013 y llegó a ser de categoría 5.

Pero, ¿qué es exactamente un huracán?

Un huracán -que en la zona asiática se llaman tifones- es una gigantesca formación nubosa con una estructura en espiral que suele estar muy bien definida. Su génesis (ciclogénesis) proviene de ciertas ondas de tiempo inestable -zonas extensas de nubes y tormentas- que se originan en Africa. Se llaman ondas tropicales, y básicamente son grandes tormentas que son arrastradas hacia el oeste, hacia el Atlántico, por los vientos dominantes en esa latitud. Cuando avanzan en esa dirección, hacia el continente americano, en este época del año, se encuentran con aguas cálidas, que es la gasolina que hace que el huracán se desarrolle.

Un huracán contiene un núcleo cálido, digamos que su corazón es caliente, formado por masas de aire muy húmedas y muy cálidas. Es una diferencias con las tormentas, por muy fuertes que sean, a las que estamos acostumbrados por nuestras latitudes. En este caso su núcleo es frío, aire frío. Además, nuestras tormentas o borrascas suelen ir acompañadas de un frente nuboso, mientas que los huracanes no tienen un sólo frente, sino todo un sistema de frentes nubosos en espiral que rodean ese centro cálido.

Estructura de un huracán, una autentica batidora atmosférica.

Estructura de un huracán, una autentica batidora atmosférica. Gráfico Steven Businger.

Otra gran diferencia, y quizá el rasgo principal de los huracanes es su ojo. El ojo del huracán es una zona circular en el centro de la perturbación en donde los vientos descienden, y, al hacerlo, pierden su inestabilidad (la explicación técnica vas más allá de la pretensión de este post)… De esta forma se crea una zona de cielos despejados y tranquilidad relativa. Sin embargo, es en las paredes nubosas del ojo del huracán donde las tormentas son más violentas (allí los vientos ascienden), con lo que un observador al que le pasara el ojo por encima pasaría de recibir lluvia torrencial, vientos huracanados y tormentas intensas, a “disfrutar” de cielos casi despejados (el ojo puede tener hasta 50 -70 Km de diámetro) y posteriormente vuelta a sufrir las tormentas, la lluvia y el viento del otro lado del ojo…

La escala de estas perturbaciones es gigantesca. Los huracanes son las tormentas más grandes de nuestro planeta. Son capaces de extenderse y afectar a zonas de miles de kilómetros cuadrados, y causar pérdidas, tanto económicas como humanas, muy graves. No confundir con los tornados, muy destructivos también (en algunos casos un tornado puede contener vientos más intensos que un huracán), pero de una escala infinitamente menor. De hecho, un mismo huracán puede contener docenas de tornados embebidos en sus diferentes tormentas.

Los nombres con los que se bautiza a los huracanes también es un asunto curioso. Hasta 1979 los nombres de los huracanes únicamente eran femeninos, y cuentan las malas lenguas que era por que los marineros se acordaban de la fiereza de sus ex novias y así las recordaban (sic). Desde ese año se van alternando nombres masculinos y femeninos, seguramente para recordar también a los ex novios… Hay seis listas de nombres, creadas por la OMM (Organización Meteorológica Mundial) que se usan consecutivamente y, por lo tanto, se reutilizan cada seis años. En ocasiones, hay huracanes muy destructivos (o en bienes materiales o en vidas humanas) que se retiran.

Como curiosidad, hay letras que nunca se usan, por la dificultad en encontrar seis nombres de cada género. Son Q, U, X, Y y Z. Eso da sólo 21 nombres posibles al año. En el año 2005 la temporada fue muy generosa en huracanes y se acabaron los nombres. Se usó el alfabeto griego, y tras Wilma, llegaron Alpha, Beta, Gamma, Delta, Epsilon y Zeta. Espectacular añada.

En cuanto a su intensidad, se categorizan por la escala Saffir-Simpson, que mide la velocidad máxima de sus vientos sostenidos. De esta forma pueden ir desde categoría 1 a la 5, la más alta que puede recibir un huracán. Por debajo de categoría 1 está la tormenta tropical, y por debajo la depresión tropical, la categoría más baja y comparable a algunas de nuestras tormentas más o menos fuertes.

Este año ya hemos tenido a Ana, que se adelantó casi un mes a la temporada y afectó como tormenta tropical la costa este norteamericana. Por ahora no hay ningún otro sistema cociéndose, veremos cómo se da el año, por ahora las previsiones anuncian una temporada más tranquila de lo normal. 

 

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