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La agitada vida de un granizo

Pequeña tregua en los dos próximos días en las temperaturas, y con la tregua, llegan algunas tormentas. Y con ellas, uno de los fenómenos más peligrosos pero a la vez más curiosos de explicar en meteorología: el granizo. Es un fenómeno asociado a fuertes tormentas, sobre todo de primavera y verano, aunque no únicamente.

En este post intentaré cómo se produce y porqué algunas tormentas dejan granizo y otras no. Como siempre, no habrá datos técnicos, el objetivo es que gente sin conocimientos en meteo entienda estos fenómenos y se acerque a ellos.

Las tormentas, básicamente, contienen unas corrientes de viento verticales muy fuertes. Unas corrientes son ascendentes y otras descendentes. Cuando la tormenta nace, las corrientes ascendentes son más fuertes, dominan. Luego es al revés, cuando la tormenta está madura y próxima a terminar, dominan las descendentes. Se podría pensar en una tremenda centrifugadora en donde el aire sube por los laterales y baja por el centro de la tormenta. Aquí se muestra un gráfico de Fernando Llorente Martínez elaborado para la RAM (Revista del Aficionado a la Meteorología).

Estructura de una tormenta. Vía Fernando Llorente Martínez, RAM

Estructura de una tormenta. Vía Fernando Llorente Martínez, RAM

Por otro lado, el vapor de agua de la atmósfera se va condensando en forma de gotas, la típica lluvia que acompaña a las tormentas, que, al empezar a pesar más, baja por el efecto de la gravedad. Sigamos a una de esas miles de millones de gotas, vamos a acompañarla en un viaje algo ajetreado, mareante diría.

Nuestra gota baja atraída por la fuerza de la gravedad, pero se encuentra con esa corriente ascendente, que en la primera fase de la tormenta es muy fuerte, así que es arrastrada hacia arriba y empieza a subir y a subir. Cuanto más fuerte la tormenta, más fuerte la corriente, y más alto sube, con lo que se encuentra temperaturas mucho más bajas. Tanto que se congela, formando un diminuto grano de hielo. Acaba de nacer nuestro granizo.

Cuando el diminuto granizo llega a lo más alto y tiene peso suficiente, la gravedad vuelve a hacer su inevitable trabajo, y tira de él hacia la tierra. Comienza a bajar, en forma de hielo a mucha velocidad, pero, antes de tocar suelo, vuelve a ser capturado, otra vez, por la corriente ascendente. En su camino va haciéndose más grande según sube, captando más gotas de su alrededor, y otra vez, muy arriba, comienza a congelarse, esta vez como un granizo más grande.

Y así durante varias veces. Los granizos, dentro de una gran tormenta, están dando vueltas, subiendo y bajando en un carrusel atmosférico movido por corrientes muy fuertes de aire, primero ascendentes y luego descendentes, y haciéndose más grandes en cada vuelta de tiovivo. Un avión que atravesara ese cumulonimbo, la nube tormentosa, podría recibir impactos de granizo… ¡desde abajo!

Vale…¿y cuando finaliza este proceso? Pues a medida que la tormenta va madurando, las corrientes descendentes son más fuertes, y además, el peso de nuestro granizo aumenta a cada vuelta. Este es ya tan pesado que la gravedad lo atrae con fuerza, y la corriente ascendente, ya debilitada, no puede volver a subirlo. El granizo cae, de forma irreversible.

Cuando vemos granizar, podemos ver granizos de todos los tamaños. Desde gotas pequeñas, que no han podido congelarse y es simple lluvia, pasando por todos los tamaños posibles. Granizos como guisantes, como canicas, como pelotas de pingpong, como pelotas de golf o de tenis… Aquí os dejo fotos de nuestra página de kazatormentasSpain Severe Weather – TiempoSevero (la foto es de uno de los mejores kazatormentas españoles, Jose Quirantes, aka Rayo) y muestra granizos de 3 centímetros recogidos por él mismo en Torija (Guadalajara) en Julio de 2004.

Granizo severo, de más de 2cm. Foto Jose A. Quirantes. Cortesía SSW

Granizo severo, de más de 2cm. Foto Jose A. Quirantes. Cortesía SSW

Granizo gigante caído en Xalapa, en abril de 2014. Foto @MarisaLoar

Granizo gigante caído en Xalapa, el 28 de abril de 2014. Foto @MarisaLoar

Se han documentado granizos hasta de 18 centímetros de diámetro… En los más grandes y peligrosos –a la velocidad a la que caen pueden matar a una persona o animal– se pueden ver las diferentes capas que se han ido añadiendo en cada vuelta de carrusel, del mismo modo que los anillos de un árbol al talarlo.

Así que ya sabéis, si en la próxima tormenta veis granizo caer, primero poneos a salvo, y luego acordaos que el pobre estuvo dando más vueltas que un tiovivo allá arriba.

 

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Petricor, el aroma a tierra mojada

Acaba una verdadera cuarentena de sequía en muchas zonas de nuestro país. Tras el mes de mayo, extremadamente seco y caluroso, según los datos de la AEMET, ha llegado un periodo más agradable. Cielos más nublados y menos calor, y sobre todo unas protagonistas para los próximos días: las tormentas.

De sobra sabéis ya mi pasión por ellas, y cómo hace ya más de 14 años unos cuantos meteolocos montamos la primera página de kazatormentas en España, Tiempo Severo. Desgraciadamente es un proyecto que está abandonado en espera de tiempos mejores… Pero la pasión por las tormentas aún me corre por dentro. Evidentemente hay efectos muy poco deseables cuando se produce una tormenta, sobre todo cuando va acompañada de granizo. Muchas cosechas quedan arruinadas, y otra de mis pasiones, el mundo del vino, se resiente a veces de forma muy grave.

Posiblemente, entre mis tres aromas favoritos...

Posiblemente, entre mis tres aromas favoritos…

Pero hoy os vengo a hablar de otro efecto que producen las tormentas y que podemos disfrutar tras este periodo de temperie más seca. Ese inconfundible aroma a tierra mojada que inunda el aire antes, durante y tras la lluvia. Y del que tanto se habló ayer en twitter gracias al tuit de Carme Chaparro, la periodista de informativos Tele5.

El olor a tierra mojada se llama petricor (o petrichor) y proviene del griego petros, ‘piedra’, e ikhôr, ‘componente etéreo’. En la wikipedia leemos que en la mitología griega se dice que el ikhôr es la esencia que corre por las venas de los dioses en lugar de sangre. Este inconfundible aroma no proviene del ozono directamente (aunque algo influye), como muchas veces hemos oído, sino de una sustancia química que se llama geosmina. La geosmina está producida por una bacteria absolutamente inofensiva, que se llama bacteria de Albert (el nombre técnico es Streptomyces coelicolor). También pueden producir esta bacteria algunos hongos. Estos organismos reaccionan así ante la humedad de los suelos en donde viven. Y no sólo cuando llueve, sino cuando se riega un jardín, o unas macetas, por ejemplo.

Determinadas plantas también contribuyen a este fantástico aroma. Durante los periodos secos van dejando caer sobre las superficies cercanas sustancias aceitosas, que son volatilizadas cuando llega la lluvia. De esta forma los aromas se desprenden y contribuyen a formar el petricor.

La importancia de las bacterias antes mencionadas es más de la que imaginamos, y traspasa la puramente sensorial del maravilloso aroma. Es la fuente principal de muchos antibióticos. Por otro lado, la geosmina -en realidad un alcohol- es un verdadero enemigo de los catadores de vino, ya que su característico aroma, tan maravilloso en una calurosa tarde de verano, enmascara las características de un buen vino, aportando un toque de humedad indeseado.

Para terminar, y mientras seguramente disfrutáis de los placeres del aroma del petricor, os dejo un enlace fantástico. Es un gráfico de Compound Interest sobre la química que hay detrás de este característico aroma

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Haboob, el monstruo de arena

Tenebrosas las imágenes que deja la tormenta en China... Foto Xinhua.

Tenebrosas las imágenes que deja la tormenta en China… Foto Xinhua.

Algunas zonas del norte de China viven estos días bajo el polvo. Literal. Varias tormentas de arena están tiñendo el aire de un tono anaranjado muy llamativo. En Beijing, la capital, el ambiente ha sido irrespirable esta semana, uniéndose al polvo en suspensión la tremenda contaminación atmosférica.

Estos fenómenos suelen llamarse Haboob (en árabe “viento fuerte“) porque son muy comunes en Arabia, y son realmente un verdadero espactáculo de la naturaleza, lo cual no les quita peligrosidad, desde luego.

Suelen producirse en ambientes secos, desérticos. Además de en Arabia, los podemos encontrar en el desierto del Sahara (en Sudán, sobre todo), en zonas del norte de los Estados Unidos, en las llanuras del centro de Australia, etc. Y ahora en China, como ya ocurrió en marzo de 2010 y abril de 2014. Lo verdaderamente curioso de estas tormentas es la diferente génesis de las mismas según la zona del planeta. En EEUU suele ser a partir de una tormenta ordinaria, de las de truenos y rayos, o de la presencia de un frente frío sobre el desierto (en Australia) o bien de un choque de masas de aire, seca y húmeda, en Africa.

Muro de polvo y arena sobre Golmud, China, en mayo de 2010. Foto Barcroft Medja © China Foto Press

Muro de arena sobre Golmud, China, en mayo de 2010. Foto Barcroft Medja © China Foto Press

En todos los casos hay una fase de la tormenta en la que se producen fuertes corrientes descendientes (downburst o desplome), que, al chocar con el suelo y encontrar polvo muy seco provoca que se levante por el aire. Esto lo podemos ver en muchas ocasiones en nuestras latitudes, a menor escala, claro. Llega una tormenta y se levanta una polvareda tremenda que nos ciega, si estamos en una zona de tierra o campo. En pleno desierto, esto se puede traducir en una pared de muchos kilómetros de largo y más de un kilómetro de alto. Un verdadero muro de polvo y tierra en suspensión que se traga todo lo que encuentra a su paso, viajando hasta a 50 Km/hora de velocidad y dejando la visibilidad prácticamente nula.

Pronosticar estos fenómenos a veces no es fácil, y menos en China, pues esta semana hemos sabido que se multará con 7.500 € al cambio a cualquier empresa o particular que emita pronósticos meteorológicos no oficiales… Un auténtico sin sentido. ¡Una empresa como digitalmeteo sería ilegal en China!

Veamos para finalizar una foto del satélite Aqua/MODIS del pasado 22 de abril, y entenderemos la extensión del fenómeno. La lengua de arena que podemos ver tiene cientos de kilómetros y se adentra en el Golfo Pérsico.

Tormenta de arena sobre el Golfo Pérsico, el pasado 22 de abril. Foto: Aqua/MODIS NASA

Tormenta de arena sobre el Golfo Pérsico, el pasado 22 de abril. Foto: Aqua/MODIS NASA

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